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22 de junio de 2016

PREOCUPA LA DISMINUCION DE POBLACION DE LA ABEJAS - WORRIED DECLINE OF BEES POPULATION.

Un estudio de la Universidad de Harvard relaciona directamente el uso de los insecticidas neonicotinoides con la desaparición de las colonias de abejas, hecho que es particularmente grave durante el invierno.

Los resultados de la investigación, publicados en la revista Bulletin of Insectology, refuerzan los de otros trabajos similares que relacionan el conocido como “trastorno del colapso de las colonias“, por el que las abejas abandonan sus colmenas durante el invierno y acaban muriendo, debido al daño que les causan este tipo de productos químicos.

El estudio de Harvard se centra en dos tipos de neonicotinoides, el imidacloprid y la clotianidina, dos de las tres variantes de pesticidas empleados en el cultivo de plantas y cereales prohibidas en la Unión Europea (junto al tiametoxam), por ser perjudiciales para las abejas.

Cabe destacar que al menos desde 2006 se han producido significativas pérdidas de abejas por el trastorno del colapso de las colonias, un problema que ha causado gran preocupación en la comunidad científica por la importancia de la polinización que realizan estos insectos.

Se han considerado diferentes causas de estas muertes, como infecciones, las malas prácticas apícolas o la exposición a los insecticidas, y esta última hipótesis es la que confirma el estudio de la Universidad de Harvard.

Chenseng Lu, director de la investigación y profesor asociado de Harvard, aseguró que sus conclusiones son contundentes y demuestran que los neonicotinoides son los responsables de desencadenar la mortalidad de las abejas.

El especialista y su equipo estudiaron la salud de 18 colonias de abejas en tres ubicaciones diferentes entre octubre de 2012 y abril de 2013, y en cada grupo de seis colmenas, los científicos trataron dos colonias con imidacloprid y otras dos con clotianidina, dejando otras dos sin tratamiento (grupo control).

Con la llegada de los meses fríos, el tamaño de todas las colonias de abejas disminuyó, pero a partir de enero de 2013, las poblaciones del grupo de control empezaron a recuperarse, tal y como se esperaba, mientras que las de las colmenas tratadas con neonicotinoides siguieron descendiendo.

Al final del experimento, seis de las 12 colonias tratadas se habían perdido y las colmenas estaban vacías, mientras que en el grupo de control, sólo en una de las seis poblaciones se encontraron miles de abejas muertas en la colmena y con síntomas de haber sufrido el ataque de un parásito.

Por su parte, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), revela que el número de abejas en el Hemisferio Norte (Europa, Canadá, Estados Unidos y México) ha disminuido críticamente, particularmente en la última década.

Según el PNUMA, las causas de esta disminución se deben al uso de ciertos plaguicidas, como los neonicotinoides, pero también a los efectos del Cambio Climático.

La situación es alarmante, ya que el 75% de los cultivos que se producen al año en todo el mundo dependen de la polinización de las abejas, según la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas.

Por eso, la progresiva muerte de estos insectos ha levantado alertas mundiales. Si no se controla, incluso podría haber escasez de alimentos en el futuro inmediato.

Los apicultores y científicos creen que el uso de pesticidas en la agricultura ha influido. En Europa y en Estados Unidos han dejado secuelas significativas, que se traducen en pérdidas de hasta el 90% de las colmenas.

Un estudio reciente, realizado por el Laboratorio de Referencia de la Unión Europea, reportó que la mortalidad de este insecto en 17 países del área ha llegado hasta el 33.6%, lo que demuestra lo grave de la situación.

Lo que es claro es que las abejas, que existen en la Tierra desde hace 80 millones de años, nunca habían visto amenazada su población como está ocurriendo ahora, por lo que si esta tendencia continúa, estaríamos ante un gigantesco problema ambiental y de producción de alimentos, que sin duda desencadenaría también una grave crisis económica.



(Información de Universidad de Harvard, Bulletin of Insectology, EFE y PNUMA)
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10 de junio de 2016

NUEVA AMENAZA: EL PEQUEÑO ESCARABAJO (Aethina tumida) - NEW THREAT: THE LITTLE BEETLE (Aethina tumida)

El pequeño escarabajo de las colmenas (a partir de ahora denominado “escarabajo” o “pequeño escarabajo de las colmenas”), Aethina tumida, del orden Coleoptera: familia Nitidulidae, es oriundo del África subsahariana pero se halló en los Estados Unidos de América (1996), en Egipto (2000), en Australia (2002) y Brasil (2015).

ADULTO DEL PEQUEÑO ESCARABAJO DE LAS COLMENAS (Aethina tumida)
Se produjeron introducciones en distintas regiones de Canadá en 2002, 2006 y anualmente desde 2008 hasta 2012. Sin embargo, solo la población del sur de Ontario parece haberse establecido. Se detectaron larvas y huevos de A. tumida en jaulas de reinas importadas en Portugal (2004), pero se destruyeron de inmediato todas las colmenas.

El pequeño escarabajo de las colmenas puede diseminarse mediante el vuelo activo, el desplazamiento de colonias de abejas melíferas infestadas, o el transporte de productos de panales infestados.

Dentro de su ámbito nativo en África, el escarabajo se considera una plaga menor, y parece que la reproducción es más eficaz en las colonias débiles y estresadas o en los nidos recién abandonados.

No obstante, puede causar un daño considerable en las colonias de subespecies de la abeja melífera europea dentro de sus nuevos ámbitos.

1. Ciclo biológico 
Los adultos del pequeño escarabajo de las colmenas se aparean en la colonia y los escarabajos hembras ponen varios huevos agrupados de forma típica en las pequeñas grietas, o dentro de las crías operculadas.

Dentro de una colonia, en determinadas situaciones, pueden aparecer más de 1.000 escarabajos adultos. Los escarabajos adultos pueden sobrevivir hasta 6 meses y las hembras pueden poner unos 1.000 huevos a lo largo de su vida, aunque Hood en el 2004 sugirió que el límite máximo podría ser de 2.000 huevos. El éxito de la eclosión de los huevos es indirectamente proporcional al grado de humedad relativa, y eclosionan menos huevos con humedades relativas inferiores al 50%. 

Las larvas emergen de los huevos tras 1–6 días (la mayoría en un plazo máximo de 3 días) y se alimentan de polen, miel y crías de abeja igual que los individuos adultos. Los escarabajos adultos también pueden ser alimentados por las abejas obreras por trofalaxia, sobre todo mientras están confinados en “prisiones” vigiladas por las abejas. El crecimiento de las larvas dura entre 8 y 29 días dependiendo de la disponibilidad de alimento y de la temperatura. 

A continuación, las larvas alcanzan la fase deambulatoria y abandonan la colonia para convertirse en pupa en el suelo, en las proximidades de la colonia. La conversión en pupa dura unas 2 a 12 semanas, dependiendo de la temperatura y la humedad del suelo. Al entrar en la fase adulta, abandonan el suelo y pueden volar a en busca de nuevas colonias hospedadoras, completándose de esta forma el ciclo biológico del escarabajo.

2. Repercusiones de la enfermedad 
Se desconocen aún las razones del diferente impacto que produce el pequeño escarabajo de las colmenas en colonias de su ámbito nativo originario y en las de los nuevos ámbitos en los que actúa. Entre ellas, cabe mencionar las diferencias cuantitativas entre el comportamiento de las subespecies de la abeja melífera africana y el de las subespecies de la abeja melífera europea, así como las diferencias entre las diferentes técnicas de apicultura utilizadas, las diferencias climáticas y/o la falta de enemigos naturales, entre otras posibles hipótesis.

Mientras que el daño producido a las colonias de abejas por escarabajos adultos es relativamente escaso, estos mismos adultos pueden causar la dispersión de las colonias, es decir, que las abejas adultas abandonen completamente el nido. Si estas no lo impiden, la conducta alimentaria de las larvas, que a menudo va asociada a la fermentación de la miel almacenada, causa un grave daño a los panales y, a menudo, desemboca en el colapso total de la estructura del nido. Las pérdidas económicas también se pueden asociar a la infestación por escarabajos en la sala de extracción de miel. 

Las condiciones ambientales generalmente asociadas a las salas de extracción, como temperaturas y humedades altas, proporcionan unas condiciones óptimas para el desarrollo de los escarabajos. La reproducción oculta y de bajo nivel también puede realizarse en los despojos o debajo de los cuadros de la colmena sin que se observen signos del daño causado a la colonia.

TÉCNICAS DE DIAGNÓSTICO

1. Identificación del agente

a) Escarabajos adultos 
El primer signo de la infestación  es la presencia de escarabajos adultos (Figura 1). Los escarabajos adultos miden unos 5 mm de largo por 3 mm de ancho, y las hembras son ligeramente más largas que los machos. Los adultos son de un color entre marrón oscuro y negro (más claro después de la eclosión).

ADULTO DEL PEQUEÑO ESCARABAJO DE LAS COLMENAS (Aethina tumida)
Fig. 1. Vista dorsal (izquierda) y ventral (derecha)
de un pequeño escarabajo de las colmenas adulto.
Durante las inspecciones, los escarabajos adultos huyen de la luz, se esconden, y se pueden ver corriendo para ponerse a cubierto en las esquinas o de forma similar, sobre los panales. Los adultos pueden confundirse con escarabajos nitidúlidos, que también pueden asociarse a las colonias .


HUEVOS DEL PEQUEÑO ESCARABAJO DE LAS COLMENAS (Aethina tumida)
Fig. 2. Huevos del pequeño escarabajo de las colmenas.
b) Huevos, larvas y pupas del escarabajo 
Los huevos del pequeño escarabajo de las colmenas (Figura 2) son blancos y miden unos 1,4 × 0,26 mm (longitud por anchura), 2/3 del tamaño de un huevo de abeja melífera, y son desovados en grupos en la tabla que sirve de fondo a la colmena, en los panales y debajo de los opérculos de las celdillas de la progenie.

LARVAS DEL PEQUEÑO ESCARABAJO DE LAS COLMENAS (Aethina tumida)
Fig. 3. Vista dorsal (izda.) y ventral (dcha.) de una
 larva de  pequeño escarabajo de las colmenas.
Las larvas (Figura 3) son de color blanquecino, pueden medir hasta 1 cm (fase deambulatoria), y tienen tres pares de patas y espículas dorsales. Las larvas pueden encontrarse minando los panales de cera o en las deyecciones de la colonia. Las infestaciones larvarias se asocian con un olor a podrido debido a la muerte de la progenie de abejas melíferas y/o a la fermentación de la miel almacenada. 


LARVAS DEL PEQUEÑO ESCARABAJO DE LAS COLMENAS (Aethina tumida)
Figura 4
Fig. 4. Daños al panal atribuidos a los hábitos de alimentación/ reptación de las larvas del pequeño escarabajo de las colmenas. Obsérvese el “limo” sobre el marco (es decir, el panal de cera tiene un aspecto “húmedo” y “brillante”). Ello se debe a la fermentación de la miel, que las larvas reptantes distribuyen alrededor del panal. Pueden verse larvas de escarabajo en celdillas en el centro del panal, donde originalmente estaba la progenie. 

LARVAS DEL PEQUEÑO ESCARABAJO DE LAS COLMENAS (Aethina tumida)
Fig. 5. Larva de pequeño escarabajo de las colmenas
que excavado un túnel hacia el interior del suelo y que 
creado una cámara en cuyo interior se convierte en pupa
Una vez en el suelo, las larvas excavan pequeñas cámaras de población (Figura 5) ubicadas a 1–20 cm de profundidad en el suelo, se convierten en pupas (Figura 6, blanquecinas a marrón oscuro en función de la edad, de unos 5 mm de largo y 3 mm de ancho) y después en adultos. La mayoría de larvas excavan túneles hacia el interior del suelo que se encuentran a menos de 180 cm de la colonia.

PUPA DEL PEQUEÑO ESCARABAJO DE LAS COLMENAS (Aethina tumida)
Fig. 6. Pupa escarabajo de las colmenas

Es difícil encontrar huevos de escarabajo en una colonia, sobre todo cuando los niveles de infestación son bajos. No obstante, puede buscarse en las grietas/fisuras de alrededor del nido o en los opérculos de las celdillas de la progenie, lo cual posiblemente indique que el escarabajo hembra ha pinchado el opérculo y ha puesto huevos en el interior de la celdilla. Pueden hallarse pupas del pequeño escarabajo de las colmenas tamizando suelo de alrededor de la colonia y buscando las cámaras de las pupas o las pupas en sí.


c) Examen manual de la colonia 
Al comprobar si las colonias de las abejas melíferas están infestadas por el pequeño escarabajo de las colmenas, la inspección de la colmena puede proporcionar los primeros indicios de infección. Se puede observar a los escarabajos ocultándose dentro de las celdillas de la colmena y en las deyecciones. A continuación, se aportan instrucciones detalladas para examinar la colonia.

DETECTANDO EL PEQUEÑO ESCARABAJO DE LAS COLMENAS (Aethina tumida)
Fig. 7. Inspección de una colonia en busca de 
adultos del pequeño escarabajo de las colmenas.
Este método puede aplicarse para buscar adultos y larvas del escarabajo cuando el nivel de infección larvaria es moderado a alto.

El hombre de la derecha agitó las abejas sobre un trozo de madera contrachapada.

A continuación, golpeó ambas caras del marco del panal sobre la madera (desprendiendo los escarabajos de las celdillas). El hombre de la izquierda está agitando las abejas adultas y empleando un aspirador de boquilla para recoger los escarabajos.

Notas: 
 Es mejor que este procedimiento lo lleven a cabo dos personas, una para trabajar la colonia y la segunda para recoger los escarabajos si se desea una cuantificación. Si únicamente se desea una cualificación de los escarabajos, bastará con una persona. 

 Es inevitable que algunos escarabajos vuelen alejándose o escondiéndose. Se considera que escapan pocos escarabajos (<5%). 

 Es mejor utilizar este procedimiento para la cualificación de escarabajos adultos. No obstante, así también pueden encontrarse larvas de escarabajos.

d) Examen de la colonia mediante el uso de planchas y trampas 
Es factible un diagnóstico menos laborioso utilizando unas planchas en las colmenas. Estas planchas tienen agujeros que permiten a los escarabajos esconderse en los pliegues pero impiden la entrada de las abejas. Puede colocarse en tabla que sirve de fondo a la colmena. Para detectar los escarabajos, se coloca una tira de cartón corrugado o material similar (15 cm × 15 cm), una de cuyas superficies se ha pelado para dejar al descubierto los pliegues, sobre la tabla que sirve de fondo a la colmena con el lado de los pliegues mirando hacia abajo. Se cubre con una madera que se ajusta a la tabla que sirve de fondo a la colmena por debajo de los cuadros de la misma. Se deja la plancha en la colonia durante ≤ 3 días, se retira y se examina para ver si hay adultos y larvas de escarabajo. Se ha observado que con una plancha similar de plástico

De forma similar, puede colocarse cualquier cantidad de trampas comerciales para el pequeño escarabajo de las colmenas en las colonias de acuerdo con las instrucciones de los fabricantes. Aquí no se aporta ninguna recomendación específica en cuanto a las trampas, porque existen muchos diseños y la mayoría son igual de eficaces.

La mayor parte de trampas para el pequeño escarabajo de las colmenas se colocan sobre el fondo de la colonia, dentro de un marco de una colonia, o entre la parte superior (o barra superior) de dos marcos de una colonia.

Es habitual añadir vinagre de sidra de manzana a las trampas, porque atrae los escarabajos adultos. Además, debe añadirse aceite mineral o vegetal a las trampas, como agente para matar los escarabajos. Los escarabajos adultos entrarán en la trampa, lo cual facilitará su cualificación. Las trampas pueden emplearse en las colonias para realizar un seguimiento periódico de la presencia de escarabajos adultos.

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14 de febrero de 2016

Varroa, el parásito se inmuniza a los plaguicidas - Varroa parasite to pesticides is immunized.

La varroa, el ácaro que a mediados de los años 80 provocó prácticamente la desaparición de las colmenas de abejas silvestres en la península Ibérica, está desarrollando resistencias –se está inmunizando- a los productos químicos que se utilizan para frenar sus efectos entre estos insectos, básicos para la polinización de los vegetales.

Los apicultores temen encontrarse la próxima primavera con mermas de más del 30 % de la cabaña si los nuevos sistemas que están aplicando de manera experimental este invierno no dan resultado. En ese caso, los efectos de la inmunización de la varroa no serán solo económicos, sino también ambientales.

Una de las principales conclusiones del Encuentro Estatal del Sector Apícola que la organización agraria COAG celebró hace unas semanas fue la “necesidad de reeducación en el sector sobre la estrategia de lucha frente a la varroa”, ante “el agotamiento de los principios activos disponibles en el mercado” para su tratamiento, especialmente “si no están acompañados de un adecuado sistema de manejo en la explotación”.

“Después de 30 años ha desarrollado resistencias”

“Después de 30 años luchando contra este ácaro, ha desarrollado resistencias contra el espectro de productos químicos que venimos utilizando desde mediados de los años 80”, explica Ángel Díaz, responsable estatal del sector apícola de COAG, quien destaca que “algunas de esas resistencias o inmunizaciones han sido demostradas científicamente, y otras han sido ya detectadas en los campos”.

La varroa, un ácaro parasitario del tamaño de una cabeza de alfiler, que se alimenta de la sangre de las abejas y que puede llegar a exterminar las colonias en apenas tres años, “es crónica en toda la península Ibérica”, señala Díaz, que explica que su presencia provoca habitualmente bajas de “entre el 25 % y el 30 % de las colmenas, aunque en algunas zonas de España supera el 50 % y el 60 %”.

Los panales se tratan en invierno con productos químicos, aunque los apicultores han comenzado a experimentar con hongos y otros tratamientos no sintéticos –ácidos incluidos-, y en primavera se ven los efectos.

“Tras la hecatombe ambiental de los años 80, que acabó con las colmenas silvestres, la colonia de abejas está viva por los apicultores, prácticamente el 100 % de la que hay en la península es productiva”, señala Díaz. El sector explota hoy 2,6 millones de colmenas. “Son más que hace unos años, tenemos muchas más, pero producen menos”, explica, por los efectos del ácaro, cuya inmunización a los productos que se utilizan para combatirla está mermando la cabaña.

“Las abejas de colmenas con varroa polinizan, pero su número desciende”, advierte, antes de señalar que “tenemos claro que este problema lo hemos de atacar desde varios puntos de vista” y utilizar nuevos métodos y otros productos. Estos, catalogados como medicamentos de uso veterinario, deben ser autorizados por la Administración y prescritos por un especialista.

La Radiografía Social del Medio Ambiente en España destaca la “vulnerabilidad” que la agricultura presenta en varias zonas de España “ante el declive de las abejas y otros polinizadores”. En el caso de Aragón, señala que “el 68 % de los principales cultivos para el consumo directo humano dependen de la polinización por insectos” y que su agricultura “tiene un ratio de vulnerabilidad del 17,3 %” con respecto a esos animales, lo que la convierte en “la cuarta Comunidad más amenazada por la pérdida de insectos polinizadores”.

El ratio de vulnerabilidad mide “la relación entre el valor económico de la polinización y el valor económico total” del cultivo, por lo que “cuanto más alto sea el valor económico de la polinización mayor será la vulnerabilidad”.

Amenazas por la reducción de la diversidad vegetal y el cambio climático

Organizaciones como Greenpeace han llamado la atención sobre los efectos de la varroa en las abejas. Además de debilitarlas, señala la entidad ecologista en su estudio El declive de las abejas, “también puede propagar enfermedades virales y bacterias. Sus efectos son graves y, si no se controlan, suelen llevar a la muerte temprana de colonias”. Los conservacionistas, por otro lado, también alertan de la presencia de residuos de acaricidas en el polen del que se alimentan los propios insectos.

Greenpeace, que en otro estudio, titulado La pesada carga de las abejas, aboga por la prohibición de algunos plaguicidas –acaricidas, entre ellos-, señala que “la destrucción o dispersión de los hábitats naturales y seminaturales, con la expansión paralela de los monocultivos y la reducción de la diversidad vegetal silvestre, también pueden desempeñar un importante papel en dificultar la capacidad de supervivencia de las poblaciones de polinizadores”.

A esos factores, añade, se sumarían “los erráticos patrones climatológicos derivados del cambio climático como un nuevo elemento cada vez más importante, si bien de momento sus efectos aún son difíciles de caracterizar, predecir o atribuir”.

By: Eduardo Bayona - Zaragoza

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