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26 de abril de 2011

La royalactina es la responsable de la diferenciación de la abeja reina

Por muchos años, los científicos saben que cuando a una larva de una abeja se la alimenta con la jalea real secretada por las obreras, esta se convierte en una abeja reina. Sin embargo, hasta ahora no se sabía cual era el factor responsable de la diferenciación ni la forma como actúa.  La Dra. Masaki Kamakura de  laUniversidad de la Prefectura de Toyama identificó y caracterizó la royalactina, la proteína responsable de la diferenciación de las larvas en abeja reina según reportó hoy en Nature.

Cuando las hembras de las abejas melíferas (Apis mellifera) llegan a adultas, pueden ser diferenciadas en dos castas: las reinas y las obreras. Esta diferenciación no se debe a diferencias genéticas —ninguna  abeja esta programada para ser reina u obrera— sino depende de si fueron o no alimentadas, cuando eran unas pequeñas larvas, con la jalea real secretada por las obreras.
La diferencia entre una reina y una obrera es bastante notoria ya que, a parte de ser mucho más grande y se desarrolla mucho más rápido, puede vivir hasta 10 veces más (de 1 a  2 años), tiene los ovarios grandes y funcionales y puede llegar a poner hasta 2,000 huevos por día. Entonces, sería lógico pensar que la jalea real contiene algún tipo de factor inductor —al cual llamaron royalactina— que determina la diferenciación de estas dos castas. Sin embargo, este factor no ha podido ser identificado hasta ahora.
Fue así que Kamakura hizo una interesante observación. Cuando se almacenaba la jalea real a  40°C  por 7 días y se alimentaba a las larvas con ella, las abejas reinas resultantes tardaban más tiempo en desarrollarse y el tamaño de sus ovarios eran mucho más pequeños. El efecto se acentuaba cuanto más tiempo permanecía almacenada la jalea (14, 21 y 30 días), tanto así que, a los 30 días, la jalea real perdía su capacidad diferenciadora y las larvas alimentadas con esta jalea se convertían en abejas obreras.
Esta observación indicaba que el factor inductor responsable de la diferenciación de las abejas presente en la jalea real se degradaba gradualmente con el paso del tiempo, perdiendo su actividad completa a los 30 días. Existen muchas biomoléculas (azucares, proteína, grasas, etc.) que se degradan cuando son sometidas a altas temperaturas, así que el factor inductor podría tener cualquiera de estas formas químicas.
Para determinar que compuesto químico era el inductor, Kamakura hizo otro experimento. Almacenó la jalea real tanto a  40°C  y  4°C  para identificar que compuestos se degradaban en uno y no en el otro, después de 30 días. Al analizar los componentes presentes en la jalea real, ni los azúcares, ni las vitaminas, ni los ácidos grasos mostraron una reducción significativa. Sin embargo, al analizarlos mediante HPLC y electroforesis en poliacrilamida (PAGE) identificaron tres proteínas —una de 450kDa, otra de 170kDa y otra de 57kDa— que se degradaron durante el almacenamiento.
Por un lado, la proteína de 170kDa se degradó completamente sólo a los 14 días de almacenamiento, descartando que esta sea el inductor porque, según el primer experimento, aún se observaba un efecto sobre las larvas a los 21 días. La proteína de 450kDa prácticamente no se degradó, quedando un 90% a los 30 días, y la proteína de 57kDa —a la cual asignaron como la royalactina— se degradó por completo a los 30 días.
Así que Kamakura purificó las proteínas de 450kDa y de 57kDa para probar su efecto sobre las larvas a diferentes concentraciones (0.5 – 2.0% de su peso). La royalactina (57kDa) fue la única que redujo el tiempo de desarrollo de las larvas (a), aumentó el peso de la abeja (b) y también el tamaño de los ovarios (c). El mismo efecto se obtuvo con una royalactina recombinante (E-Rol) producida por E. coli.
Pero, como las abejas no son muy usadas como modelos biológicos, no existen muchas cepas mutantes que permitan determinar el mecanismo de acción de la royalactina. Por otro lado, la mosca de la fruta es un modelo biológico por excelencia, así que Kamakura usó a la Drosophila para hacer los análisis genéticos y observar el efecto de la jalea real en la diferenciación.
Cuando se le sometió a las larvas de la mosca de la fruta a un 20% de jalea real, Kamakura observó un sustancial aumento en el tamaño corporal, la fecundidad y en la esperanza de vida, así como también una reducción en el tiempo de desarrollo de la mosca. En otras palabras, la jalea real tenía prácticamente el mismo efecto en la abeja y en la mosca. Gracias a este sorprendente resultado, la investigadora pudo continuar sus experimentos en la mosca.
Al usar distintas cepas mutantes de moscas, Kamakura identificó que la royalactina actuaba a nivel del receptor del Factor de Crecimiento Epidérmico (EGFR) del tejido graso a través de la activación de la p70S6K, una kinasa que actúa sobre la subunidad 6 del ribosoma, fosforilándola y promoviendo la síntesis de proteínas. Este mecanismo permite que las células adquieran un mayor tamaño. Entonces, esto indicaría que el mayor tamaño de las moscas se debe a que las células son más grandes y no porque son más numerosas. También se observó que  la EGFR  estaba relacionada directamente con la prolongación de la esperanza de vida de las moscas, siendo la primera vez que se detecta este efecto en los animales.
Por otro lado, Kimakura observó que la vía MAPK era activada por  la EGFR , permitiendo una reducción en el tiempo de desarrollo de las moscas. Además, la royalactina tenía la capacidad de inducir la expresión de la ecdisterona (20E), una hormona juvenil esencial para el desarrollo de los ovarios.
Finalmente, para demostrar que todos estos resultados obtenidos en las moscas de la fruta pueden ser extrapolados a las abejas, Kamakura usó un ARN de interferencia (ARNi) para silenciar la expresión del gen EGFR en el tejido graso de las abejas melíferas. Este experimento confirmó que el efecto de la royalactina es similar en la mosca de la fruta y en la abeja melífera.
Entonces, para resumir, la royalactina actúa a nivel del receptor del Factor de Crecimiento Epidérmico del tejido graso de las larvas de las abejas, induciendo la diferenciación en abejas reinas a través de la activación de una kinasa que fosforila una subunidad del ribosoma, promoviendo la síntesis de proteínas, aumentando del tamaño de las células y prolongando la esperanza de vida de la abeja reina. Por otro lado, también se activa la vía de señalización celular MAPK, reduciendo el tiempo de desarrollo de la larva y se promueve la expresión de la ecdisterona, una hormona esencial para el desarrollo de los ovarios.
Referencia: Kamakura, M. (2011). Royalactin induces queen differentiation in honeybees Nature DOI: 10.1038/nature10093

24 de abril de 2011

Diagnóstico sanitario

Por:  Susana Beatriz Bruno
Las enfermedades en las colonias aparecen en momentos definidos del ciclo de vida de la abeja. El apicultor observa los síntomas de las mismas en las crías o en las abejas adultas durante su visita al colmenar o en las colonias.
En su reconocimiento existen síntomas característicos que conducen muchas veces a un correcto diagnóstico, lo cual permite tomar inmediatamente las medidas higiénico profilácticas y terapéuticas necesarias para luchar contra ellas. Esto ocurre en aquellas enfermedades que afectan a las crías: loque europea, loque americana, cría yesificada, cría ensacada. Sin embargo, en las abejas adultas los síntomas son comunes a muchas afecciones en cuyo caso el diagnóstico debe ser confirmado por un análisis de laboratorio: nosemosis, acariosis, intoxicaciones, disentería, etc.
Las manifestaciones observadas en las colonias son producto de una contaminación anterior y el tiempo que transcurre entre esta y la aparición de la enfermedad es muy variable. Este lapso de tiempo depende entre otros posibles factores de:
-        La intensidad de la contaminación, la cual está directamente relacionada con el tipo de agente patógeno y su capacidad para multiplicarse, la cual es muy variable.
-        Las condiciones de la colonia: colonias débiles, sometidas a condiciones meteorológicas desfavorables, con carencias alimenticias, que hayan sufrido algún tipo de intoxicación, etc., están mas predispuestas a contraer y favorecer el  desarrollo de ciertas enfermedades.
-        El comportamiento de limpieza de la familia: característica variable determinada genéticamente que depende de la fuerza de la colonia – aquí el apicultor juega un papel muy importante al mantener en su colmenar colonias vigorosas – y de la composición de la colonia (cantidad de abejas limpiadoras que puede disminuir en caso de intoxicaciones, enfermedades de las abejas adultas, errores de manejo, etc.). 
El proceso de diagnóstico de enfermedades en las colmenas comienza no bien uno ingresa en el apiario. Para ella debemos primero considerar una serie de parámetros o condiciones externas tanto en el colmenar como en las colmenas en particular para posteriormente proceder a la revisación interna de las mismas observando cuidadosamente lo que está sucediendo en su interior.
Observaremos su ubicación en el terreno: distribución y orientación, la actividad de vuelo de las mismas – entrada y salida de abejas de acuerdo al momento de la visita – pudiendo ésta ser normal, escasa, nula o intensa; la presencia, cantidad y estado de abejas muertas o moribundas o estadios inmaduros en las entradas de las colmenas y en el suelo; manchas de heces o excrementos en los techos, frentes o entradas de las mismas en forma evidente.
Todas estas observaciones o algunas de ellas de estar presentes junto con una actividad escasa o nula en las colmenas indican alguna anormalidad en el interior de las mismas. De ser posible, en la revisación posterior estas colmenas serán las últimas en abrirse, evitando en parte con esta acción el contagio de posibles enfermedades al resto de las familias. Sin embargo, es preciso tener presente que en una colonia puede estar desarrollándose en forma incipiente una enfermedad y no se observan manifestaciones exteriores en la misma.
Al abrir una colmena en una revisación de rutina evaluaremos en primer lugar la condición en que ésta se encuentra de acuerdo a la época del año observando:
*   El espacio disponible en la colmena - falta o sobra - de acuerdo a la cantidad de población existente.
*   La presencia de la reina y su calidad.
*   El desarrollo de la colonia - cantidad y tipo de población.
*   Cantidad, calidad y ubicación de las reservas alimenticias.
*   Existencia de signos de alguna enfermedad u otra anormalidad.
*   Estado de los materiales.
 La respuesta a estos parámetros nos dará la información que necesitamos para trabajar en forma adecuada corrigiendo aquellos que se encuentren alterando el normal desarrollo de las mismas.
Con respecto a la existencia o no de signos de alguna enfermedad u otra anormalidad, al observar las colonias debemos notar el aspecto normal de las diversas etapas de desarrollo de las abejas el cual cambia cuando alguna enfermedad y/o trastorno no infeccioso está presente. Conociendo la apariencia y forma de los individuos normales - huevos, larvas, prepupas, pupas y abejas adultas – en la colonia, podremos luego advertir cualquier anormalidad, al notar algo no usual trataremos de descubrir la o las causas y confirmar un diagnóstico solos, con ayuda de otro apicultor experimentado, a través de consultas en servicios de extensión en el tema, con un profesional idóneo en apicultura o bien enviando una muestra adecuada a un laboratorio especializado en el diagnóstico de enfermedades de las abejas.
Al revisar una colmena para determinar la presencia o no de enfermedades que afectan a la cría debemos primero seleccionar y observar el aspecto o apariencia del panal de cría en su conjunto y posteriormente de cada larva o pupa en particular. Esta operación se repetirá en todos los panales que contengan cría.
En una mirada panorámica del panal lo primero a considerar es el patrón de cría el cual en condiciones normales debe ser uniforme es decir que observando la cría desde el centro del panal hacia los bordes del mismo deben existir en celdas contiguas huevos, larvas o pupas de edad semejante. Las crías abiertas – larvas – deben ser de color blanco perlado brillante y estar enroscadas en forma de coma en el fondo de las celdas. En la cría operculada o sellada, los opérculos deben ser de color uniforme, marrón claro u oscuro dependiendo de la edad del panal y ligeramente convexos.
Cada mínima irregularidad que altere el aspecto normal de un panal de cría como la existencia de larvas muertas en celdas abiertas y/o cerradas presentes en forma desordenada – cría salteada – opérculos agujereados, de colores no uniformes, hundidos, es un llamado de atención.
Luego de haber observado las características del panal en su conjunto debemos, de presentarse algún problema mirar el contenido de las celdas y establecer ciertas condiciones como: edad de las larvas muertas, posición que adoptan en su interior, color, olor y consistencia del material larval muerto.

Estado normal de la cría en sus diferentes estadios.

Será tarea del apicultor establecer si la causa de estas irregularidades corresponde a un problema sanitario o si se debe a otras causas no infecciosas (hambre, frío, reinas, calor excesivo, etc.).
De no existir cría presente en la colmena en el momento de la inspección se observarán los panales en los cuales hubo cría con anterioridad, en este caso en particular debemos observar las celdas de cría vacías, sin restos de material de cría muerto en las paredes o fondos de las mismas.
Juntando estos elementos podemos llegar a formular un diagnóstico bastante seguro. Sin embargo, muchas veces es conveniente corroborarlo a través de un análisis de laboratorio ya que los caracteres macroscópicos o salientes y que se observan a simple vista que son diferentes para las enfermedades que afectan la cría como: loque americana, loque europea y cría ensacada, pueden en condiciones particulares atenuarse y confundirse o bien pueden presentarse todas juntas de coexistir varias enfermedades. En esos casos es conveniente tomar una muestra del panal de cría con material sospechoso de 20 cm. por 10 cm., envolverlo en papel de diario, colocarlo en una caja de cartón y enviarlo a un centro de diagnóstico de enfermedades de las abejas.
La mayoría de las enfermedades que afectan a las abejas adultas son difíciles de diagnosticar en una observación directa debido a que muchos de los síntomas no son únicos ni específicos de cada enfermedad.
Ya que el hábito y las características de las abejas en forma individual y de la población en general que presentan una afección son frecuentemente similares en las enfermedades de las abejas adultas y en otros desórdenes no debidos a problemas sanitarios es aconsejable tomar una muestra de la población y enviarlas a un laboratorio para obtener un diagnóstico correcto. Ejemplo de ello es la confusión en el diagnóstico que puede presentarse ante casos de nosemosis, acariosis, virosis, intoxicaciones por plaguicidas, disentería y otras donde pueden observarse algunos de los siguientes síntomas: abejas con abdómenes hinchados, temblorosas, con alas dislocadas, arracimadas en los pastos cercanos a la colmena o alejándose de la misma, paralizadas sobres los cabezales de los cuadros, etc.
La detección precoz de cualquier problema sanitario que afecte a las colmenas nos permite adoptar inmediatamente las medidas higiénico profilácticas y terapéuticas necesarias para luchar contra ellas. Tan o más importante es la prevención de las enfermedades es decir, evitar en lo posible su aparición en las colmenas. Debemos tener presente que no siempre una colmena débil o la presencia de anormalidades en las abejas adultas o en las crías es consecuencia de alguna enfermedad y que existen ciertas pautas de manejo como las anteriormente citadas que deben ser respetadas y cumplidas a lo largo del año que conducen al éxito de la explotación.

23 de abril de 2011

Jabón casero de miel y aceite de oliva

Jabón casero de miel y aceite de oliva
Hace tiempo que no compartimos recetas caseras, con las que enriquecer nuestro set de belleza y a pedido de ustedes nuestros lectores incluiremos en lo posible una por semana.
Este jabón es especial para pieles delicadas y que necesiten recuperar vigor y aspecto saludable. Recordemos que el potencial antioxidante sumado a la riqueza nutritiva de la miel son algo así como una fórmula perfecta.
Ingredientes
1 cucharadita de aceite de oliva
10 cucharadas de jabón duro rallado
2 cucharaditas de miel
Preparación
En una olla mediana, pon a calentar a fuego muy suave el jabón.
Ve removiendo con una cuchara de madera y cuando está fundido le vas añadiendo de a poco el aceite de oliva.
Continúas revolviendo y por último le agregas la miel; deja hervir por unos minutos hasta que aumente su volumen.
Cuando eso suceda, tienes la opción de agregar algunas gotas de esencia perfumada (la que más te gusta) y luego vierte en moldes de la forma y tamaño que puedas.
Debes dejar que endurezca bien, cosa que si estás en verano puede tardar incluso más de una semana.
Cuando tome consistencia está pronto para usar.

Receta de Jabón de leche y miel

Receta de Jabón de leche y miel
Con esta receta de jabón, podrás realizar jabón artesanal de leche y miel con base de glicerina
Ingredientes
  • 1/2 kilo de
  • Base de Jabón de Gicerina moldeable 
  • 4 cucharadas de leche entera en polvo 
  • 20 gotas de aceite de almendras dulces 
  • 1 cucharada de miel 
  • 1 cucharada perlas de cera de abejas 
  • 8-10 ml de esencia de vainilla
Corta la base de jabón en cubitos y funde junto con la cera de abejas al baño María. Cuando esté completamente derretido, retira del fuego y añade los restantes ingredientes, excepto la fragancia. Deja enfriar ligeramente y añade ahora la esencia de vainilla. Vuelca en los moldes.
Este es un jabón emoliente muy suave con ligero aroma a vainilla, que quedará del color de la miel una vez frío.
TRUCO: Si le añades un puñadito de copos de avena molidos, queda un estupendo exfoliante.

Bacalao a la miel

Cocina catalana Por: Fernando Villanueva
Descripción del plato:
Blancos: bacalao, huevo, miel, levadura
Ingredientes (para 4 personas):
􀂃 Bacalao cortado en trozos
􀂃 1 huevo
􀂃 1 cucharada de miel
􀂃 125 cl. de agua
􀂃 Aceite
􀂃 50 gr. de harina
􀂃 1 cucharada de levadura
􀂃 Sal
Preparación:
En un bol se echa un huevo, una cucharada de miel y 125 cl. de agua, se bate, se añade a esta mezcla 50 gr. de harina, una cucharadita de levadura y una pulgarada de sal, se mezcla bien todo. En una sartén con abundante aceite y cuando esté bien caliente, unos 180º C. se fríen los trozos de bacalao, (previamente desalados y extraída el agua tanto como sea posible, dejando las tajadas sobre papel absorbente), rebozados en la pasta, se fríen hasta que estén dorados. Se escurren bien de grasa y se sumergen rápidamente en un aguamiel ligero. El plato se puede presentar poniendo las tajadas sobre hojas de escarola y aliñada ésta con vinagre de miel o vino blanco.

CERA DE ABEJAS PARA DEPILAR

Ingredientes para elaborar de 1 a 15 kg.:
Cant. de cera
Resina
Parafina solida
cera pura
1 kg
100 gs.
700 gs.
200 gs.
2 kg.
200 gs.
1.4 kg.
400 gs.
4 kg.
400 gs.
1.8 kg.
800 gs.
5 kg.
500 gs.
3.5 kg.
1.0 kg
7 kg.
700 gs.
4.9 kg.
1.4 kg.
10 kg.
1.0 kg.
7.0 kg.
2.0 kg.
15 kg.
1.5 kg.
10.5 kg
3.0 kg
LA RESINA Y LA PARAFINA SOLIDA SE ADQUIEREN EN DROGUERIAS Y / O TIENDAS PARA ARTESANIA.
Elaboración:
1. Previo a la elaboración, desmenuzar lo más posible la cera y la parafina. Realizado esto, a fuego lento indirecto, en un recipiente enlozado o de acero inoxidable (más ancho que alto) se pone a derretir la parafina solida y toda la cera de abejas, cuidando de revolver constantemente la mezcla hasta obtener su total disolución (usar paleta de acero inoxidable larga y plana para revolver). Es importante tomar en cuenta que se está trabajando con materiales inflamables, por lo cual el proceso debe llevarse a cabo en un lugar suficientemente ventilado. En caso de derrames, tapar inmediatamente la mezcla y apagar el fuego. Lo óptimo es que la proporcion de cera + parafina + resina no supere el 60% de la capacidad del recipiente.
2. Se desmenuza la resina y se agrega a la mezcla anterior por partes, hasta lograr una mezcla homogénea. Si se agrega mucha resina de una vez, ésta tiende a aglutinarse.
3. Una vez completadas las operaciones 1 y 2, se vacia la mezcla a un recipiente metalico engrasado (con manteca vegetal de ser posible) hasta que se enfrie . Se conoce que el fundido ha terminado cuando no se notan particulas solidas en suspension y la mezcla adquiere el color y la consistencia de la miel fundida. Es importante que el molde donde se enfria la mezcla tenga un espesor de 2 cm. El molde debe ser plano en su superficie interior. El enfriado debe ser natural.
4. Una vez que la mezcla este totalmente solidificada y fria se saca con espatula dura, cincel o formon desepegandola desde abajo. Una vez sacada, la cera se parte en trozos pequenos y se envasa. El recipiente y otros elementos metalicos utilizados se limpian con aguarras.

En el caso de la cera depilatoria de mejor calidad (profesional: utilizada en Centros de depilacion), la diferencia es que primero se derriten la resina y la parafina. Hecho esto, se agrega la totalidad de la cera y la totalidad de la vaselina, que es la diferencia a esta receta. La mezcla debe integrarse totalmente igual que en el proceso anterior. Una vez realizado esto, se pone en el recipiente a enfriar y see efectua el mismo procedimiento que para la cera normal.

Las proporciones para fabricar de 1 a 10 kg. de cera son:
Cantidad de cera
Resina
Parafina solida
Cera de abejas
Vaselina untable
1 kg.
400
200 gs.
200 gs.
200 gs.
2
800
400
400
400
4
1.6
800
800
800
5
2.0
1.0
1.0
1.0
7
2.8
1.4
1.4
1.4
10
4.0
2.0
2.0
2.0

LAS CUATRO RAZAS DE VALOR ECONÓMICO RECONOCIDO - Parte 3

De: La colmena y la abeja melífera Por: F. Ruttner       
Es mucho más fácil describir la aparición de una raza, que su naturaleza y valor económico. Es factible estudiar las características de sus cuerpos en una docena de muestras provenientes de regiones geográficas diferentes, en un laboratorio tranquilo. Pero, para determinar el valor económico deben observarse por lo menos el mismo número de colonias durante varios años y aún así la evaluación puede no resultar totalmente válida. Esto se debe a que los aspectos de importancia para su existencia, así como su valor económico muestran frecuentemente una mayor variabilidad que, por ejemplo, las nervaduras en las alas las cuales biológicamente no son importantes. ES fácil reconocer las causas de esta variabilidad.
Vamos a tomar, por caso, la inclinación hacia la enjambrazón. Esto puede ser una gran ventaja para la colonia durante un año bueno y puede llevar a la destrucción de la colonia en un año malo. La selección trabaja, por lo tanto, a veces en una dirección, a veces en la dirección contraria y mantiene cierta variabilidad automática, también dentro de una sola cepa. Los apicultores se interesan por muchos aspectos característicos, pero sólo una parte de los mismos son compartidos por la totalidad de la raza y aún en ese caso pueden esperarse diferencias limitadas. Además, la evaluación de las mismas abejas podría dar resultados diferentes en ambientes distintos y en circunstancias disímiles.
Tratándose de las tres razas europeas podemos superar estas dificultades; fuerno probadas y comparadas tantas veces que una evaluación válida y correcta resulta factible.
Si evaluamos, por ejemplo, a la “abeja italiana”, debemos tener en mente que esto significa hablar de un tipo promedio y que algunas cepas de esta raza, que podría ser la que hemos seleccionado, puede mostrar un comportamiento diferente. Deseamos describir estos aspectos “típicos”en la forma más objetiva posible y no queremos empezar con los encabezamientos comunes de “ventajas” y “desventajas”. La evaluación de estos términos, basados en circunstancias fijas, sólo podría ser muy subjetiva.
La poca habilidad para invernar, que resulta una seria desventaja en regiones más frías, no tiene ningún significado en climas cálidos, una gran mansedumbre, que con justa razón es generalmente muy apreciada, puede llevar al exterminio una colonia en determinado lugar debido a una auto defensa inadecuada. Cada apicultor debería clasificar por sí mismo las características de las abejas en deseables o indeseables. No existe una “abeja absolutamente superior” para toda circunstancia. Por estas razones no prestaremos demasiada atención a las comparaciones corrientes como ser la capacidad de producción de miel de las razas. Estos conceptos son únicamente válidos bajo condiciones inmutables. Los resultados, con frecuencia contradictorios de estas comparaciones fundamentan tal afirmación (abushady, 1949). Son más convincentes los ensayos llevados a cabo con una serie de cepas de la misma raza durante periodos largos; las comparaciones en gran escala han llevado al reemplazo de una raza por otra (abejas oscuras por la italiana en los EE.UU., abejas sirias por las italianas en Israel y abejas oscuras por las carniolas en Alemania).
Hoy día es común el uso correcto de los nombres científicos en forma abreviada en lugar de los nombres populares de las razas. Así decimos la Melífera, la Lingústica (nombre de la raza de abejas de Italia ), la Cárnica y la Caucasiana.
Las abejas negras (Apis mellifera mellifera L.)
País de origen: Todo el norte de Europa, oeste de los Alpes y Rusia Central. Las abejas de la Península Ibérica se hallan estrechamente relacionadas con la abeja oscura (Hermano Adam, 1957). Desde el siglo 17 las abejas oscuras fueron llevadas, cruzando el Atlántico a América del Norte y del Sur y cruzando los Montes Urales a Siberia. Pero durante las últimas décadas el desarrollo de la apicultura moderna no resultó favorable para ellas y perdieron terreno prácticamente en todas partes. Como raza pura tienen actualmente significancia local en algunas partes de España, Francia, Polonia y Rusia; algunos apicultores crían algunas líneas seleccionadas de ellas en Suiza (la línea Nigra), en los Alpes de Austria, Gran Bretaña y Escandinavia. En otras partes han sido cruzadas con Cárnica, Ligústica, o Caucásica o fueron desplazadas por completo.
Aspecto: Abejas grandes con lenguas cortas (5,7 a 6,4 mm), abdomen ancho, color de la quitina muy oscuro y uniforme, parcialmente con pequeñas manchas amarillas en el 2º y 3º tergito, pero sin bandas amarillas. Largos pelos cubren su cuerpo, tomentos angostos y dispersos. Pelos en el tórax de los zánganos marrón oscuro, a veces negro. Índice cubital chico (1,3 a 2,1, promedio de 1,5 a 1,7).
Comportamiento: Generalmente nerviosas al aire libre, ellas abandonan rápidamente el panal. Con frecuencia, pero no siempre, agresivas. De desarrollo algo lento en primavera, hasta llegar a colonias de tamaño mediano. Presentan colonias fuertes a fines de verano y durante el invierno (curva de desarrollo llana, Ruttner, 1960). Escasa disposición hacia la enjambrazón. (La famosa “abeja del brezo” (abeja Holandesa) de otros tiempos, procedía de una línea especial de esta raza, como resultado de largos años de cruzamientos y selección por su inclinación hacia la enjambrazón). Presenta buena invernada bajo condiciones climáticas severas. Muchas veces se ha elogiado el comportamiento trabajador de esta raza (Hermano Adam, 1966), pero durante el flujo del trébol la abeja oscura resulta muy inferior a las razas de lengua larga. Es susceptible a enfermedades de la cría y a la polilla de la cera.
La abeja oscura se desarrolló bajo la influencia de los climas templados del oeste europeo equilibrados por el océano. Por esta razón no es grande su producción de cría; el desarrollo primaveral es tardío. Con los adelantes de la agricultura moderna la producción de miel de la abeja oscura quedó en inferioridad frente a otras razas, especialmente en primavera. Así, la apicultura moderna, con algunas pocas excepciones, no prefiere a la abeja oscura. Según el Hermano Adam (1957), esta abeja es superior a cualquier otra raza durante el flujo del brezo en Inglaterra y Noruega. Siempre tienen suficiente miel en los panales de la cámara de cría y existe muy poco peligro de que pueda morirse de hambre. En zonas pobres, las demás razas consumen muchas veces toda su miel, mientras que la abeja oscura es ahorrativa y con su economía en el trabajo siempre produce algún excedente.
En Francia, Louveaux (1969) pudo demostrar la existencia de por lo menos tres ecotipos diferentes de la abeja negra cuyo ritmo de cría guarda determinada correlación con el ciclo local y estacional de flujo de miel.
En la región de París, cuyo principal flujo de miel proviene de árboles frutales, nabo silvestre (colza) y robinia, se desarrolló a principios de la temporada, un ecotipo con un ciclo que comienza temprano y declina rápidamente. En la región del brezo del Sudoeste (Landes) existe un ecotipo con un ciclo veraniego de comienzo lento, pero prolongado. El tercer ecotipo, en Provenza, mostró características del ciclo Mediterráneo: Un comienzo muy temprano en primavera y un segundo repunte de cría en otoño. Las colonias de determinados ecotipos, que fueron transportadas a otras regiones con diferentes plantas melíferas, mantuvieron la tendencia de su ciclo de cría hereditario, a pesar del cambio de ambiente; no se adaptaron y en todo caso resultaron inferiores en rendimiento de miel a las abejas indígenas.
Queda pendiente la cuestión de si la abeja oscura, luego de una selección cuidadosa, en zonas determinadas, podría revestir importancia en el futuro. Si se la cruza con otras razas, su descendencia híbrida demuestra una vitalidad y rendimiento poco usual, pero al mismo tiempo se mantiene su fuerte tendencia a picar, una mala costumbre que reviste importancia.
Las abejas Italianas (Apis mellifera ligustica Spin.)
Dzierzon llevó las primeras “abejas amarillas” desde Venecia a Alemania, en 1853. En base a sus informes entusiastas llegaron poco tiempo después (1859) las primeras reinas Italianas a los EE.UU. Aquí, al igual que en otros países, la abeja Italiana llegó a ser la abeja comercial. “Es dudoso que la apicultura pudiera haber sido capaz de realizar los grandes progresos de los últimos 100 años sin la abeja Italiana” (Hermano Adam, 1966). Tanto en Italia, cerca de Bolonia, como en los EE.UU., urgieron empresas productivas de cría que enviaron las reinas de esta raza a todas partes del mundo.
País de origen: Italia, con excepción de Sicilia.
Aspecto: Tamaño algo menor que la mellifera, con un abdomen fino y lenguas relativamente largas (6,3 a 6,6 mm). El color de la quitina del abdomen se aclara a nivel del esternón, como también en los primeros dos a cuatro tergitos (bandas amarillas en sus partes delanteras). En su país de origen primitivo demuestran grandes variaciones, tanto en la extensión como en las tonalidades del amarillo; existen colonias con bandas anchas y claras y otras con marcas más pequeñas de tonalidades de marrón (Goetze, 1964; Hermano Adam, 1966). Las abejas de color claro tienen muchas veces un escutelo amarillo, similar al de la abeja chipriota. Existen formas Muy claras de Ligústica, sólo con una pequeña mancha negra en la punta del abdomen, que se conocen como “abejas doradas” (Aurea).
También los pelos de la Ligústica tienen un color amarillo; esto resulta fácil de distinguir especialmente en los zánganos.
Los pelos que cubren el cuerpo son cortos, los tomentos anchos y denso. El índice cubital varía desde mediano a alto (2,0 a 2,7 con promedios de 2,2 a 2,5)
Comportamiento: La tranquilidad sobre el panal es variable, pero en general es buena. Habitualmente mansa. Tiene una disposición extraordinariamente fuerte a producir gran cantidad de cría; las colonias comienzan con la postura al comienzo de la primavera y mantienen un área de cría grande, sin tener en cuenta los flujos de néctar; esto sucede hasta fines de otoño (ciclo de cría del Mediterráneo). De esta manera se desarrollan colonias excepcionalmente fuertes, que muestran una buena performance, especialmente a mediados del verano. KA pesar de su fuerte disposición a la producción de cría, su inclinación hacia la enjambrazón es escasa, ahorrando así mucho trabajo durante la temporada principal. Realizan la invernada con colonias fuertes y con alto consumo de alimentos. En las latitudes nórdicas la invernada causa dificultades; hay una pérdida de obreras debido a la cría temprana y en consecuencia el desarrollo es lento y tardío en primavera. En caso de poco flujo de néctar en verano, fácilmente se produce escasez de alimentos, porque el consumo es alto. La lengua larga de la Italiana hace factible el aprovechamiento del trébol rojo. En esta raza se ha elogiado muchas veces el buen instinto para la construcción; cubre la miel con opérculos de un blanco brillante y ninguna otra abeja produce miel en panales tan hermosos como la abeja Italiana.
La Ligústica es hija del clima Mediterráneo: inviernos cortos, benignos y húmedos, veranos secos con un prolongado flujo de néctar. La abeja Italiana ha resultado excelente en climas similares durante muchas décadas, pero no tiene defensas frente a inviernos más largos y primaveras tardías con temporadas de temperaturas bajas. Siempre ha sido difícil para razas de climas templados y cálidos aclimatarse en zonas frías. En Europa esto puede apreciarse fácilmente; se han hecho muchas tentativas fallidas con abejas Italianas que fueron llevadas al norte de los Alpes. Por más de 100 años se importaron continuamente, pero nunca fueron capaces de aclimatarse en forma satisfactoria.
Por otro lado debemos subrayar la buena capacidad de la Ligústica cuando hay buen flujo. Además de la fuerza de la colonia, contribuye mucho la especial astucia de esta raza para la pecorea, auque puede llevarlas también al pillaje entre diferentes razas, siempre es la Italiana la que lo inicia, sin que haya diferencia alguna según procedan de Italia o de EE.UU. Si se abre una colonia nueva durante una época de poco flujo de néctar, muy pronto aparecerá la primer exploradora amarilla.
En sentido de orientación sólo tiene importancia en apiarios donde residen numerosas colonias muy juntas, como en las casas de abejas de Europa central. El sentido de orientación de la abeja Italiana ha demostrado ser bastante débil en esos casos y las abejas se equivocan muchas veces de colonia.
Según Alpatov (1929), las abejas Italianas llevadas a los EE.UU. muestran las mismas características que las Italianas en su país de origen. La única diferencia consiste en que se acentúa el color amarillo, resultado éste, de una preferencia por abejas de color claro uniforme. Siguiendo el mismo esquema que esta preferencia por el color, se produjo una cierta selección en los EE.UU. en lo que se refiere a cantidad de cría a desarrollarse, tranquilidad sobre los panales y disposición hacia ciertos flujos. Si hablamos entonces de una “abeja americana”, queriendo significar “una línea americana de Apis mellifera ligustica”, estamos perfectamente justificados.
Las abejas Carniolas. (Apis mellifera cárnica Pollmann)
País de origen: La parte sur de los Alpes Austriacos y el Norte de los Balcanes (Yugoslavia). Cárnica en un sentido más amplio: Macedonia con todo el valle del Danubio (Hungría, Rumania y Bulgaria). Las abejas de estas zonas no difieren en sus características externas de la Cárnica de los Alpes y por cierto pertenecen a la misma unidad sistemática. La línea que limita su zona al este, no está claramente definida; la “abeja de las estepas” (A. mellifera acervorum Alp.) del sur de Rusia es parecida a la Cárnica y forma una transición gradual hace la abeja oscura.
La difusión de la Cárnica, especialmente durante las últimas décadas ha aumentado mucho. Se pueden distinguir dos etapas en la utilización económica de estas abejas: 1. Antes de la Primera Guerra Mundial fueron enviadas por millares en cajas rudimentarias de madera sin marcos (colmenas rústicas de Carniolas). Aumentaron por simple enjambrazón natural, pero los resultados con estas abejas, seleccionadas según su inclinación para la enjambrazón, fueron muy decepcionantes. Algunas de ellas existen todavía en Carintia y Eslovenia, pero su capacidad productora de miel es completamente inadecuada. 2. Aproximadamente a partir de 1930 se ha llevado a cabo en Austria un programa de cría bien planificado; ciertas líneas fueron seleccionadas teniendo en cuenta la capacidad productora e inclinación por la enjambrazón. Estas líneas se conocen bajo la denominación de abeja cárnica.
Aspecto: Generalme4nte bastante similar a la Ligústica. Delgada con lenguas largas (6,4 a 6,8 mm) Pelos cortos y densos (“abeja gris”). Manchas de quitina, a veces una banda de color marrón cuero. Color de los pelos de los zánganos, gris o gris tirando al castaño. Índice cubital muy alto (2,0 a 5,0, promedio 2,4 a 3,0).
Comportamiento: La cárnica es la raza más tranquila y más mansa según el Hermano Adam (1966). Se pueden dejar los panales fuera de la colmena por largo tiempo y si la línea de abejas es buena, ni una sola saldrá del panal. Su ritmo de producción de cría es muy intenso y progresivo. Inviernan en colonias pequeñas con poco consumo de alimento. La cría comienza con la primera entrada de polen y luego se produce un desarrollo rápido. Durante el verano la Cárnica mantiene sólo una cámara de cría grande, siempre que el suministro de polen sea adecuado; la cría se limita en caso de poco flujo de polen. En el otoño la población de la colonia se reduce rápidamente. Sería completamente imposible para la Cárnica invernar con colonias fuertes como la Ligústica. Sin embargo, su invernada es muy buena, aún bajo condiciones climáticas desfavorables. Existe una fuerte disposición hacia la enjambrazón que acompaña el rápido desarrollo de las colonias y su gran vitalidad, pero esta tendencia puede disminuir por selección.
Tiene un muy buen sentido de orientación y ninguna inclinación por el pillaje. Son poco propolizadoras. El Hermano Adam (1966) encontró que el instinto de construcción en la Cárnica es demasiado débil; nosotros no estamos de acuerdo con esta afirmación. Aprovechan bien el trébol rojo. Las enfermedades de la cría son prácticamente desconocidas en el país de origen de la Cárnica. Esto parece ser un aspecto excepcional de esta raza, porque allí no se aplican medidas higiénicas especiales en los apiarios. Hasta ahora no se ha dado ninguna explicación frente a este hecho curioso.
La Cárnica se desarrolló en una parte de Europa donde el clima recibe la influencia de fuertes movimientos de aire continental, consecuencia de inviernos largos y riguroso y veranos con altas temperaturas luego de primaveras cortas. Por causa de estas circunstancias, la característica particular de esta abeja es su vitalidad y una reacción rápida y enérgica frente a cualquier cambio de ambiente. Es la “abeja del flujo primaveral por excelencia”, debido a su buen desarrollo en primavera (Hermano Adam, 1966). En Europa Central con flujos primordialmente tempranos e inviernos largos, muchas veces rigurosos, es ésta la raza más popular entre los apicultores. Los cruzamientos con otras razas producen colonias con muy alta producción de cría y vitalidad. Después de la abeja Italiana. Es la Cárnica la raza que en años recientes llegó a extenderse más ampliamente por todo el mundo.
Las abejas Caucásicas (Apis mellifera caucásica Gorb.)
País de origen: Los altos valles del Cáucaso Central (abejas de Gruzinia y Mingrelia).
Aspecto: La forma y tamaño del cuerpo y pelos son muy parecidos a los de la cárnica. El color de la quitina es oscuro, pero frecuentemente tiene manchas marrones en la primer banda del abdomen. Los pelos de las obreras de la Cárnica tienen una mayor tendencia al gris castaño; en el caso de la Caucásica son gris plomo. Los pelos sobre el tórax de los zánganos son negros. Tienen lenguas muy largas (hasta 7,2 mm). El índice cubital es mediano. Otras diferencias sólo pueden determinarse por métodos biométricos.
La realización de análisis biométricos extensivos, demostró la existencia de muchas formas locales en el área del Cáucaso (Alpatov, 1948). En los bajos transcaucásicos, durante el proceso de evolución, numerosos tipos de transición llevaron a la abeja a un color más amarillo (A. mellifera remipes). Tampoco la abeja Caucásica tiene un color uniforme en su país de origen y la “abeja gris puro” es más bien un ideal del criador que una realidad en la naturaleza.
Comportamiento: Tenemos menos datos para la evaluación de la abeja caucásica que en el caso de las otras tres razas previamente estudiadas. Pero todos los experimentos que repetimos nosotros, los realizados en otros institutos y por apicultores individuales, dieron los mismos resultados. La mayoría de las reinas importadas procedían de la Estación de Cría Krasnaja Poljana (cerca de Soci) y fueron gentilmente cedidas por el Instituto de Investigación Apícola Rybnoe, Rjasanskoi Oblast, URSS. Los experimentos más extensivos fueron llevados a cabo en Rusia.
Su mansedumbre y tranquilidad sobre los panales son las características que generalmente se ponen en relieve para la abeja Caucásica. Son activas productoras de cría, levantando colonias fuertes; sin embargo no llegan a la plenitud de sus fuerzas hasta mediados de verano. Su tendencia por la enjambrazón es débil. Utilizan grandes cantidades de propóleo; en otoño, la entrada está cerrada por una cortina de propóleo, exceptuando  una abertura muy pequeña. La invernada en las regiones nórdicas no es muy buena, debido a su susceptibilidad frente al Nosema. (Taranov, observación personal). En Rusia, su producción de miel es definitivamente mejor que la de la abeja oscura, pero su rendimiento en el trébol romo no conforma las expectativas que despertó basadas en el largo de sus lenguas. Los opérculos de su miel son chatos (oscuros). Tienen inclinación a equivocarse de colmena y al pillaje.
Por cierto, esta raza ha de tener un rol importante en la cría de abejas, ya que algunas de sus cualidades son valiosas. Aunque se parece mucho a la cárnica, tiene características propias diferentes. En Europa Occidental, sólo se cría esta abeja con fines experimentales, debido a su susceptibilidad al Nosema y a su baja producción de miel comparada con la Carniola. Algunos criadores la usan para producir abejas híbridas (Radoev, 1969; Bornus, 1972).
Algunas formas locales de áreas de transición. Deberían mencionarse algunas formas que fueron discutidas recientemente. La abeja Macedónica (A .mellifera cecropia Kiesw.) del sur de Yugoslavia y norte de Grecia fue descrita por Georgandas (1957). Luego de exámenes concienzudos, se comprobó que tanto esta abeja como la de los Cárpatos de Rumania, pertenecía a la raza Cárnica, representando, sin embargo, ecotipos sureños especiales. No han demostrado un rendimiento mejor que las otras Cárnica bajo las condiciones climáticas de Europa Central.
La abeja de Anatolia fue probada durante varios años por el HERMANO Adam (1966). Sin embargo, su nombre se refiere sólo a su origen y no a una raza distinta. Según Bodenheimer (1941) y el Hermano Adam, aparecen varias subrazas diferentes en Anatolia; no se ha establecido todavía una clasificación aceptable.
APROVECHAMIENTO DE LAS DIFERENCIAS NATURALES ENTRE ABEJAS
Una economía apícola exitosa necesita, n o sólo buena floración y apicultores ambiciosos, sino, en primer lugar, una abeja capaz. Vigor y capacidad de desarrollar la colonia, mansedumbre y tranquilidad sobre el panal, y la capacidad de recolectar grandes cantidades de reservas, son las cualidades primarias en la abeja. El medio ambiente puede requerir otras características como robustez frente al invierno. Resistencia a enfermedades específicas, respuesta en producción de cría en lo que concierne a variaciones en temporadas y sentido de orientación. No puede esperarse de la selección natural el desarrollo de una raza que cumpla perfectamente con las necesidades del apicultor moderno.
Pero al comparar las características típicas de las diferentes razas, queda demostrada la existencia de algunas que se acercan más al ideal que otras. A veces es factible, simplemente, reemplazar una raza natural con otra, a fin de aumentar la producción. Como ya se mencionó, esto ha sido llevado a cabo en varias oportunidades. Por cierto que en el caso de un traslado de raza, habría que considerar cuidadosamente las condiciones climáticas del país de origen. Las abejas de un clima moderado, difícilmente pueden adaptarse a un medio ambiente riguroso.
Se puede lograr un aumento adicional en la producción por medio de la selección dentro de una raza. Hasta cierto punto, los resultados de este método han demostrado ser satisfactorios, cuando el criador es capaz de evitar una consanguinidad demasiado intensa. Esta consanguinidad generalmente disminuye la fertilidad y el vigor de la colonia, llegando en casos extremos a tal punto que ésta es incapaz de sobrevivir sin el agregado regular de cuadros con cría provenientes de otras colonias (Mackensen, 1956).
En toros campos de cría animal han logrado razas sintéticas, generalmente por cruzamiento de razas de diferentes zonas geográficas y por larga selección y consanguinidad, desarrollándose una nueva combinación estable. Hasta ahora, en la cría de abejas dicho método se ha utilizado poco, debido a las dificultades de control en el apareamiento, aunque existen grandes posibilidades en este campo (Hermano Adam, 1966).
En el cultivo de plantas se usa hoy día el efecto de heterosis (vigor híbrido) en alto grado. El trigo híbrido es el mejor ejemplo de lo que puede lograrse con esta técnica. Sólo pocas especies de animales consiguen adaptarse a este método; la abeja melífera es una de ellas, debido al gran número de su descendencia que supera a los padres y esto pude alcanzarse, en el caso de la abeja, en dos formas diferentes:
1.- Abejas híbridas o doblemente híbridas, de líneas sanguíneas. Los métodos clásicos utilizados en la producción de trigo demuestran también resultados muy promisorios en la cría de abejas (Cale, 1957, Cale y Gowen, 1956). Tanto en postura de huevos, como en la producción de miel, las híbridas sobrepasan las líneas testigo. El aumento en producción llegó al 34%.
2.- Cruzamiento entre dos razas geográficas. El vigor híbrido también se obtiene en muchos casos cuando se cruzan dos razas geográficas, sin consanguinidad previa. Dado que generalmente existen grandes diferencias genéticas entre razas, los resultados exceden a los que se consiguen por cualquier otro método, pero no siempre pueden repetirse. Sin embargo debemos llamar la atención sobre el hecho de que en un considerable número de experimentos los cruzamientos no mostraron ningún vigor híbrido. La siguiente lista nos dará una sinopsis de los resultados positivos obtenidos por algunos autores (Ruttner, 1968, Bornus, 1972).

Cruza
Aumento en producción de miel
Melífera x Cárnica
31%  comparado con los mejores padres (seleccionadas  Cárnicas, Ruttner, 1968)
55%  con Melífera (Bornus, 1972)
Cárnica x Melífera
33%  comparado con la Cárnica. Muy agresiva.
Ligústica x Cárnica
70%  comparado con la Cárnica. Agresiva.
Cárnica x Ligústica
10%  comparado con la Cárnica. Mansa.
Ligústica x Melífera x Mel.
153%  comparado con la Melífera.
Caucásica x Melífera
15 a 66%  comparado con la Melífera.
Caucásica x Ucraniana
65 a 165%  comparado con abejas locales.

La capacidad de combinación dentro de una raza geográfica puede dar lugar a características diversificadas. En los cruzamientos no todas las líneas de dos razas producen el mismo efecto beneficioso de heterosis. La capacidad de combinación específica debe probarse en cada uno de los casos. Otra dificultad en los cruzamientos surge del desarrollo de características negativas en muchos casos. La híbridas extraordinariamente vigorosas y robustas (melífera x Cárnica) son muy agresivas; las cruzas de Caucásica x Cárnica son las mejores en lo que se refiere a producción, desarrollo y comportamiento, pero durante los inviernos fríos son muy susceptibles al Nosema. A pesar de todo esto, es evidente que los cruzamientos bien planificados jurarán un rol extraordinario en la apicultura del futuro.
La realización de cruzamientos entre diferentes líneas (ecotipo9s) de la misma raza pueden significar rendimientos considerablemente más altos que los testigos puros. Nosotros hemos realizado una serie de experiencias durante varios años con cruzas entre Carniolas seleccionadas de Austria y de Yugoslavia. La diferencia frente a Carniolas no cruzadas era de 67% en un caso y 39% en otro.